Star Wars VIII: Sedando la nostalgia

por Luis Casanova

Fan-made poster by Aditya Chakraborty

El otro: Evoluciona o muere. Peter David, Reginald Hudlin y J. Michael Straczynsky nos regalaban bajo ese nombre una de las series más potentes de Spiderman. De esas en las que no sabes si amas más al personaje o a las personas que lo han llevado ahí. Doce números que construyen con fuerza un mensaje sobre la necesidad de deshacernos de nuestra versión anterior y mudar de piel con el fin de renacer. De ser mejores sin dejar de ser nosotros mismos.

SPOILER ALERT: Si no habéis visto el Episodio VIII, se mencionan algunas revelaciones de la película y datos importantes.

Pero, muy a pesar de mi socio atarcadero, esta entrada no va sobre el spidervecino. He comenzado así porque los articulistas cuadragenarios de renombre empiezan citando obras de referencia como Demian o Solaris para darle un plus de calidad al artículo. Yo cito cómics porque son maravillosos y porque hay aventuras de Iron Fist más didácticas que el tostón de Hermann Hesse.

El caso es que llevo tiempo pensando en la aplicación que tiene en la vida real parte del nombre de esa saga. “Evoluciona o muere”. En cómo nos afecta el hecho de adaptarnos para sobrevivir. Si nos ponemos relativistas (juego en el que no voy a entrar precisamente porque me encanta), esto tiene infinitas aplicaciones en nuestro día a día, desde “por favor dónde vas sin una cuenta de twitter” hasta “DI ADIÓS A LA HOMEOPATÍA”. En el caso de la cultura audiovisual del siglo XXI, que es lo que nos gusta aquí, pienso que Star Wars VIII: The Last Jedi puede servirnos de guía.

Días antes del estreno general, la polémica estaba servida en bandeja de plata. Quizás el hecho de que sea una saga tan exprimida y con un fandom tan grande es lo que hace que nos fijemos más, pero no deja de ser una película con detractores y defensores. Como todas. En este caso concreto, me sitúo bajo la bandera del segundo grupo. Con sus más y sus menos, The Last Jedi me pareció una buena película: acción para parar un Destructor Estelar del imperio, puntos certeros de comedia y un guión completo que marca el rumbo hacia el ocaso de esta aventura. Todo ello con una fotografía imponente y planos de los de taparse la boca con el puño cerrado. Pero, y aquí quería llegar con todo esto, The Last Jedi no sólo me sorprendió por lo que vi, sino por lo que me dijo.

Fueron la muerte de Snoke y, más tarde, el pequeño discurso de Kylo Ren sobre instaurar un nuevo orden en la galaxia. No podía parar de recordar todas las perlas que había leído (de nuevo, puesto que ya cayeron unas cuantas con The Force Awakens) sobre el apocalípsis cinematográfico que estaba suponiendo la nueva trilogía. Concretamente, las relacionadas con lo mucho que se estaban alejando de la maravillosa trilogía original. Durante toda esa escena, la película estaba gritando: “Superadlo”.

Para mí, The Last Jedi no es sólo la piedra angular de esta nueva serie de películas de Star Wars, donde los personajes, con unas motivaciones ya definidas, se mueven para alcanzar unas metas cada vez más claras. Se trata de una carta para los fans “de toda la vida”. Una forma de decirnos que aquella época dorada ya no volverá. Tuvo su momento, fue increíble. Y gustara, más o menos, ahora hay que plantar una nueva semilla. Hay que dejar que el árbol se queme.

La primera vez que vi Star Wars VII: The Force Awakens no podía parar de compararla con la primera entrega de la saga. Una mosca en mi cabeza no paraba de susurrarme lo mucho que se parecía a Star Wars IV: A New Hope y, en lugar de referencias, yo veía conceptos e ideas calcados. Esto, obviamente, afectó a ese primer visionado y salí un poco desilusionado de la sala. Pero entre revisionados, lecturas y reflexiones, cada vez tengo más claro que esta trilogía está mascando el chicle para separarlo por la mitad. Y estamos justo en el hilo que queda entre las dos partes.

Abstrayéndonos de lo que suponen desde un punto de vista argumental, observo este mensaje en más de un elemento: el (necesario) protagonismo de Rey, la muerte de Luke, la conversación que éste tiene con Yoda e incluso el título de la cinta. La película guarda referencias a varias críticas negativas que se le hicieron a su primera parte (Snoke llama “niño” a Kylo Ren; se cuestiona la gran habilidad de Rey con el sable láser porque nunca había usado uno; etc.).

El tema no es que nos guste la película o no. Es indudable que cada persona tiene su manera de disfrutar las cosas y dudo que haya siquiera un parámetro de corrección en ese ámbito (mientras nuestra manera de disfrutar no sea ser machistas, racistas o cualquiera de esas razones por las que una persona debería meter su cabeza en una hormigonera). Hablamos de esos casos, en los que, a veces, pesan más la nostalgia y el conservadurismo que lo que estamos viendo. “Lo de antes” nos nubla la mente y no nos deja ver más allá del “no es lo mismo”. No se trata de asesinar a la nostalgia, sino de sedarla. Evadirnos de las expectativas, concentrarnos en aquellas cosas que diferencian al producto de lo que adapta o lo que nos esperábamos por lo que conocíamos.

Sobre todo en el mundo de la cultura, que algo no nos agrade es legítimo y necesario para perfilar nuestros gustos. Pero también es importante preguntarse si no nos gusta porque no encaja con nosotros o porque hemos depositado más esperanzas en el recuerdo que en el presente.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s