Crítica de La Bruja (2015)

por Luis Casanova

share-og1Hacía bastante tiempo que no entraba a una sala de cine y me encontraba con este tipo de miedo. El director de esta película, Robert Eggers (a penas conocido por la adaptación animada de Hansel y Gretel en una versión de terror psicológico y surrealista) juega a ser David Lynch con imágenes que se quedan grabadas en nuestra materia gris y no se van en un par de días. La película consigue llegar a niveles de perturbación muy similares a algunas obras del director de Eraserhead (1977) pero apoyándose en la música más que en los efectos sonoros. Planos muy definidos y una fotografía que en fusión con el sonido ya mencionado -cortesía de Mark Korven, que también hizo maravillas en Cube (1997)- , crean una especie de malestar y de intranquilidad puntuales que consiguen que el espectador aparte la mirada en más de una ocasión.

Pocos sustos fáciles y apenas tira del suspense corto precedido de una acción inesperada. Al contrario, el suspense en esta película se hace eterno y termina por convertirse en la atmósfera de todo el largometraje. La historia que se nos presenta también colabora para crear este ambiente. No estamos ante un secuestro, ante una fiesta de jóvenes desbordados de hormonas o ante la posesión de un personaje aterrado por parte de un espíritu maligno. Estamos en la Inglaterra del siglo XVII, en una época donde la religión lidera las vidas de los colonos y se convierte en la guía que siguen sin saber muy bien si lo hacen por amor o por miedo. En este contexto y sin complicaciones en cuanto a escenarios o a  número de personajes, Eggers dirige una película que nos hace sudar mucho más que cualquier film comercial que se autocalifica como “no apto para cardíacos”.thumbnail_23881

Diría que el punto fuerte de la película es -y perdonad que me repita- la fusión cuasi perfecta que tiene entre fotografía, apartado sonoro y actores/actrices de calidad. El final es, quizás, lo que me dejó un sabor más bien agridulce, tirando a soso. No son errores graves de guión ni mucho menos, es simplemente que cuesta entender por qué los personajes hacen determinadas cosas. La película parece escribirse sola, desarrollarse independientemente ella misma a medida que avanza, te lo da todo más o menos mascado y con buen resultado. Pero momentos antes del clímax, algunas notas no entonan demasiado bien en la sinfonía. Nos queda un crescendo interrumpido de alguna manera. Aún así, las últimas escenas salvan bastante bien esta sensación y vuelven a dejarnos los ojos como platos.

 The Babadook (2014), de Jennifer Kent, no estuvo nada mal y parecía apuntar a maneras, pero sin duda, en cuanto a este tipo de cine, yo le daba el premio gordo a La Bruja. En definitiva, gracias Eggers. Por descubrirnos un elenco brutal. Por demostrarnos que la religión y el fanatismo pueden ser elementos terroríficos tanto para creyentes como para ateos. Y, sobre todo, por habernos traído un cine de autor y de terror que vale su peso en oro.

 

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