Especial Tierra Media | Crítica de El Hobbit: La Desolación de Smaug (2013)

Con La Desolación de Smaug volvemos a acompañar a Bilbo, Gandalf y los enanos en su periplo hacia Erebor, la tierra que el pueblo de Thorin perdió ante el dragón Smaug. En esta ocasión llegaremos hasta la mismísima montaña y nos las veremos cara a cara con la Calamidad más grande de esta Era, no sin antes luchar contra arañas gigantes, orcos salvajes e incluso elfos. ¿Estáis preparados?

¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas? La Desolación de Smaug es una prueba tangible de que este dicho popular es erróneo. Peter Jackson corrige muchas de las debilidades de Un Viaje Inesperado en esta segunda parte de la trilogía de Bilbo Bolsón, interpretado de nuevo por un brillante Martin Freeman. Al reparto original tenemos que sumar algunas caras nuevas, como la elfa Tauriel (Evangeline Lily), el barquero Bardo (Luke Evans), el retorno de Legolas (Orlando Bloom) y el fichaje estrella, Benedict Cumberbatch, que fue el elegido para dar vida a Smaug el Terrible, tanto en voz como en captura de movimiento.

Siguiendo la estela de su predecesora, La Desolación de Smaug pretende ser una montaña rusa de aventuras y desventuras de principio a fin, y al no acarrear el “lastre” que supone introducir una nueva historia cumple este objetivo con mayor éxito que la primera película de El Hobbit. Desde el primer minuto tiene un ritmo endiablado, no hay lugar para la apatía en esta nueva obra de Peter Jackson: el misterio del bosque, el suspense causado por las arañas gigantes, la persecución en el río (con orcos incluidos)…

_1377148575 spiders-video-image-articleLarge-v2  La Desolación de Smaug, mucho más trepidante que Un Viaje Inesperado.

Pero si hay una escena que destaca por encima de las demás, esa es la confrontación de Bilbo con el Señor Bajo la Montaña, Smaug. Si veis esta película en versión original os daréis cuenta de la increíble química existente entre Cumberbatch y Freeman (sin duda fruto de tantos años trabajando juntos como Holmes y Watson en Sherlock), aunque incluso el doblaje español consigue hacer honor a esta pareja de actores. Benedict hace un excelente trabajo de interpretación con el dragón de fuego, y se las arregla para darle su propia personalidad en apenas veinte minutos de metraje. La tensión del momento en el que Smaug despierta y la desesperación de Bilbo ante tan imponente criatura pueden cortarse con un cuchillo. El espectador se siente tan pequeño como el propio hobbit ante el poder del dragón cuyos dientes son espadas y cuyas alas son un huracán.

Smaug_and_BilboTemeréis a Smaug como lo teme Bilbo.

Pero ¿hemos dicho pequeño hobbit? Nada más lejos de la realidad. Bilbo se crece más que nunca en esta película, salvando el pellejo de sus compañeros enanos en múltiples ocasiones y haciendo gala de una astucia y un valor que nunca antes habíamos visto en un mediano. Una vez más la evolución del personaje es una realidad, tanto en habilidad y valentía… como en dependencia hacia el Anillo (esa forma tan brutal de matar a una cría de araña que casi se lo quita es bastante siniestra); y una vez más no es sólo Bilbo el que cambia: Thorin Escudo de Roble se convierte en un enano cada vez más frío y obsesionado con su tesoro  la venganza con el dragón.

Por su parte, los nuevos añadidos Legolas y Tauriel (y lo decimos en más de un sentido, ya que no aparecen en el libro), pese a no aportar gran cosa a la trama de la urlpelícula, cumplen con la función de aportar el “factor nostalgia” en el caso del elfo que ya vimos en El Señor de los Anillos (guiño a su futura amistad con Gimli incluido) y un poco de variedad muy de agradecer al sumar un personaje femenino relevante a esta ecuación masculina en su mayoría que es la trilogía El Hobbit en lo que respecta a Tauriel.

El apartado técnico, como ya es costumbre con Peter Jackson, es sobresaliente. Nuevamente el director apuesta por una mezcla de croma con escenarios y personajes reales y en esto también se supera a sí mismo (no hay más que ver a Smaug y sus montañas literales de oro o la batalla del río para notar la gran calidad de los efectos visuales), todo ello acompañado por una banda sonora a cargo de Howard Shore que resulta tan envolvente y espectacular como siempre.

Pocos puntos negativos pueden destacarse de La Desolación de Smaug. El romance entre la elfa Tauriel y el enano Fili, por ejemplo, parece un poco forzado. Nos parece genial la inclusión de Tauriel, pero ¿realmente era necesario emparejarla? También es posible que la película no cumpla las expectativas de aquellos que busquen guerras masivas del estilo El Señor de los Anillos o los que quieran una película fácil y entretenida para pasar un rato; sin embargo encantará a los apasionados de Tolkien y su Tierra Media, que sin duda caerán rendidos a los pies de Bilbo en esta secuela.

Nota final: 9/10

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